No hay tarifa oficial, y eso es legal
Lo primero que sorprende: no existe un baremo de honorarios. Los colegios de abogados no publican tarifas a las que haya que ajustarse —la normativa de competencia lo impide—, y los criterios que sí publican son para tasar costas en un pleito, no para poner precio a un encargo.
Así que cada despacho pone el suyo, y por eso dos presupuestos para lo mismo pueden parecerse poco. Lo que sí puede exigir cualquiera, y conviene exigir siempre, es la hoja de encargo: por escrito, qué incluye, qué no y cómo se cobra.
Las cuatro formas de cobrar
Por qué el más barato a veces sale caro
Quien busca «abogado barato» normalmente busca otra cosa: saber cuánto va a costar y no llevarse sorpresas. Son dos cosas distintas.
Un presupuesto bajo suele serlo porque cubre menos. La diferencia entre un precio y otro casi nunca está en la tarifa por hora: está en si incluye la revisión previa, si incluye ir a la notaría, si incluye los recursos o solo el primer escrito, y qué pasa si el asunto se complica.
La forma de comparar no es mirar el número de abajo. Es pedir a los dos que digan, por escrito, exactamente lo mismo: qué entra, qué queda fuera y en qué momento se cobra.
Preguntas sobre honorarios
¿La primera consulta se cobra?
Depende del despacho, y es una de las cosas que hay que preguntar antes de ir, no al salir.
¿Qué es una provisión de fondos?
Dinero que se adelanta a cuenta del encargo y de los gastos. No son honorarios cobrados: se liquida al final y tiene que quedar reflejado.
¿Los honorarios incluyen los gastos?
Normalmente no. Notaría, registro, tasas, procurador y peritos van aparte, y deberían estar estimados en la hoja de encargo.
¿Si gano, lo paga la otra parte?
Una condena en costas no siempre cubre todo lo que se ha pagado: las costas se tasan con criterios propios. Conviene saberlo antes de empezar.
¿Vosotros cómo cobráis?
Según el encargo, y siempre por escrito antes de empezar. En lo que se puede acotar, precio cerrado.